Viaje a la Patagonia – parte I

Salimos desde Madrid hasta Buenos Aires, Argentina, dónde nos esperaba un taxi que nos transportaría hasta otro aeropuerto de la misma ciudad para coger un vuelo en dirección a Esquel. Casi 40 horas después de salir de mi querida Coruña, llegamos al pueblo de Esquel. Allí nos esperaba Guillermo, quien nos iba a transportar en un todoterreno al Uman Lodge, en Futaleufú.

Cuando nos subimos al coche, empezamos a apreciar bastantes diferencias con nuestro país, grandes extensiones sin habitar, sin explotar, y con carreteras sin asfaltar, todo muy salvaje, el mismísimo paraíso para los que nos gusta la naturaleza.

Después de 70 km y hora y media en el 4×4, llegamos al Uman Lodge. Allí nos esperaba Gerardo Ortiz, principal artífice de que saliera adelante este maravilloso viaje, que está siendo y será una de las mejores experiencias de nuestras vidas. Una vez instalados, pudimos disfrutar de las inmejorables vistas que este Lodge ofrece. Orientado al río Futaleufú justo en la confluencia del Río Espolón.

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Un rato después conocimos a nuestro guía, Jorge Fly, un veterano y experimentado conocedor de la zona que nos acompañaría los dos próximos días, realmente un fenómeno del que siempre guardaremos un cariñoso recuerdo por su profesionalidad y buen hacer a los mandos del bote, y que nos situó en los mejores puntos del Río.

Llegó después la hora de cenar, en la mesa sentados mi compañero de viaje y amigo de O2natos Adrian Satué, Gerardo Ortiz, la chica, Marcelo de Sernatur y un servidor, en donde intercambiamos diferentes experiencias de viajes y destinos de pesca, mientras degustabamos la maravillosa cocina del Uman Lodge, con las sugerencias de Gerardo.

Al día siguiente a las 11:00 de la mañana, ya bien descansados del largo viaje, empezaba lo bueno. Era la hora de entrar al río y pescar, en el sector del límite entre Argentina y Chile. Al poco tiempo ya estábamos flipando con el hecho de ir flotando por el río en el bote, que aquí llaman catarraf, para llegar a un sitio y pescar vadeando como solemos hacerlo en España y en Europa. Al primer lance que pude hacer, ya iba a comprobar la vida del Río, ya que lance una chernobyl al agua, la atacó una pequeña trucha a la que no le entró en la boca. Después empecé a pescar a ninfa “al hilo”, pues las dimensiones del río hace complicado el poder pescar con la línea de 0,55 mm reglamentaria en competición.

Al tercer lance ya clavé una bonita arcoíris de unos 35 centímetros que me iba a demostrar lo fuertes que son estos peces del Río “Futa”.

Luego íbamos a comenzar el descenso por el río pescando a seca con las chernobyl, pescando al golpe por las orillas, como acostumbran a hacer por estos lares, pero las truchas no estaban activas y la pesca no resultó exitosa en toda la mañana.

Tocaba comer, en un maravilloso sitio debajo de un árbol a la orilla de un pozón, encima del bote. Como nos prestó ese bocadillo…

Una vez ya con el estómago lleno, volvimos a tentar a las truchas, y aquí dio un giro radical la jornada. En ese mismo pozo dónde comimos, un montón de truchas en fila cebando como locas. Adrián y yo nos frotamos las manos y a lanzar. Simplemente un espectáculo, unas 15 truchas arcoiris de entre 35 y 40 centímetros en apenas 45 minutos. Seguimos con el descenso, pescando a ninfa en descenso, cosa que Fly nunca había visto antes y que le impresionó enormemente. Una tras otra iban saliendo en los rápidos con alguna que otra dificultad en la lucha, esquivando árboles y piedras para poder meterlas en la sacadera. Acabamos la jornada con unas 50 truchas que llegaron a nuestras manos.
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Al día siguiente, tocaba ir al famoso pozón de los Reyes, que debe su nombre a una familia que habitaba en sus orillas años atrás. Con nuestro guía Fly, nuestro equipo de grabación, Chico y Letón y con Nicolás, otro guía local, entre salmones chinook bañándose y truchas cebando, empezamos la aventura.

La técnica a emplear sería la pesca a pez visto, tanto a seca como a ninfa. No tardamos en tocar escama, Adrián fue el primero en tener éxito con una ninfa y con hilo del 0,12, finísimo para la gente de aquí, ya que no suelen bajar de un 0,16 o 0,18. Después fue mi turno, vimos una iris de unos 50 centímetros, le tiro la ninfa, y ta toma a la primera. Cuando la clavo, en unos segundos me sacó toda la cola de rata y unos 15 metros de backing, el pez más potente en relación tamaño-fuerza que tuve clavado.

Después de pescar unas cuantas a pez visto nos fuimos a la entrada del pozón, ya que Fly me había retado a coger unas truchas que veía el siempre a 6 o 7 metros de profundidad. Y reto conseguido porque saque unas cuantas seguidas, a lo que Fly no daba crédito.

Acabamos la jornada con el descenso hasta el Uman Lodge pescando una gran cantidad de peces a ninfa.

Por la tarde después de comer, nos dirigimos a la playa, debajo del Uman, ya que estaba planeado un clinic de pesca para gente de la zona. Entre los asistentes, guías y reconocidos personajes pescadores locales que atendieron a mis explicaciones sobre la pesca a ninfa.

Una gran experiencia y un orgullo para mi poder impartir una clase tan lejos de mi casa.

Por la noche, bañito en el Spa, cenita y a dormir.

Empezaba nuestro último día en el Uman como los anteriores, estupendo desayuno con productos locales para afrontar el día con energía.

Nos dirigimos a pescar el río Espolón, justo en la desembocadura en el Futaleufú. Un río parecido a los nuestros, más pequeño y con mucho menos caudal. En apenas 500 metros y 2 horas, entre Adrián y yo llevaríamos unas 50 truchas a la sacadera, una gozada doblemente satisfactoria para nosotros ya que nos llevamos los equipos ligeros con los que habituados a pescar en España.

Nos pasaron a recoger para subir al Lodge y preparar las maletas para partir después de comer hacia Yelcho.

Continuará….